Hay un momento en La habitación de al lado (Almodóvar, 2024) en que Martha — Tilda Swinton — se queda mirando hacia la cristalera de la casa en el bosque y la cámara no la sigue. Un plano corto, quieto, sin música. Es una de las pocas veces en que la película se permite no explicarse, y funciona precisamente por eso: el silencio no prepara nada, no cierra nada.
La vi el martes por la noche, tarde, con auriculares, en la pantalla del ordenador. Condiciones que no favorecen una película tan volcada en el espacio físico entre dos mujeres que comparten una casa sin que la urgencia las una del todo. El sonido tiene una textura de cámara pequeña, casi sin reverb; la mezcla no empuja emociones.
Es el primer largometraje en inglés de Almodóvar, y hay tramos en que eso se percibe: algunos intercambios suenan a idea justa dicha con cuerpo equivocado. Swinton y Moore no forcejean con el idioma — lo habitan con una cautela que, tengo la impresión de que, es parte deliberada del efecto. El inglés las mantiene ligeramente a distancia de sí mismas, y eso le conviene a la historia.