Esta mañana me di cuenta de que estaba perdiendo casi veinte minutos cada día buscando archivos. La luz del monitor reflejaba mi frustración mientras abría carpeta tras carpeta sin sistema alguno. Decidí que era momento de crear un flujo de trabajo que realmente funcionara.
El error que cometí primero:
intenté reorganizar todo de golpe. Moví carpetas, renombré archivos, y al final quedé más confuso que antes.