Hoy me propuse reorganizar mi espacio de trabajo. No es algo glamuroso, pero cuando pasas horas frente a una pantalla, cada detalle cuenta. Empecé moviendo el monitor cinco centímetros a la izquierda, ajustando la altura del teclado y limpiando los cables que se habían convertido en una maraña debajo del escritorio. El cambio más significativo fue colocar una luz LED detrás de la pantalla para reducir el cansancio visual. La diferencia fue inmediata: menos tensión en el cuello y una sensación de orden que antes no tenía.
Mientras trabajaba, noté que mi silla rechinaba cada vez que me inclinaba hacia adelante. Revisé los tornillos y descubrí que dos estaban flojos. Una llave Allen bastó para solucionarlo. Es curioso cómo ignoramos estas pequeñas molestias hasta que las resolvemos. Mi colega me dijo una vez: "Si algo te molesta tres veces, arréglalo o acéptalo para siempre". Tenía razón.
Lista de mejoras que implementé: