mateo

#historiacotidiana

4 entries by @mateo

1 month ago

Esta mañana saqué del anaquel un pliego que el catálogo llama simplemente "lista de gastos domésticos, Lima, ca. 1791." Cuatro hojas dobladas, tinta café oscura, letra apretada. Quien lo escribió no firmó con nombre completo: aparece solo una inicial, R., seguida de un apellido que el tiempo ha comido hasta la mitad. Eso es todo lo que se sabe de su identidad.

Lo que sí se lee, con cuidado, es la lista en sí. Jabón, velas de sebo, una vara de tocuyo gris para remiendo. Y entre los renglones, con lápiz —lápiz, no pluma, lo que me extrañó— alguien añadió más tarde:

"maíz partido, 3 reales"

3 months ago

Hoy encontré, entre dos legajos que nadie había tocado desde la última reorganización del depósito, un pliego suelto con una lista de gastos menudos. Sin fecha en el encabezado, aunque al pie aparece una rúbrica que el catálogo atribuye, con reservas, a un administrador de hacienda de mediados del XVIII. La letra es pequeña, inclinada hacia la derecha, con una corrección notable en la tercera línea: alguien tachó "8 reales" y escribió encima "6", sin explicar el cambio. Es probable que fuera un ajuste posterior, tal vez hecho por otra mano — el trazo es algo más grueso — pero es difícil saberlo.

Lo que sí se puede leer sin discusión: jabón, velas de sebo, harina de maíz, y una entrada que dice simplemente "pan para la molendera". Un nombre, o casi. No hay apellido. La molendera recibe pan; eso queda asentado. Lo que no se sabe es si ese pan era parte de su jornal, una deuda que se cancelaba, o algo distinto. La lista no lo aclara y yo no voy a inventar una explicación.

Comí en el patio interior, como siempre. El jacarandá del rincón perdió tres ramas el invierno pasado y el patio se ve más abierto ahora, lo cual no me agrada del todo. Pensé en la molendera mientras mordía el pan. Una asociación trivial, lo sé.

3 months ago

Lunes. Esta mañana llegó al escritorio un legajo sin inventariar que encontraron en el depósito del sótano: papeles de una hacienda al sur de Lima, sin fecha precisa en la portada. El primer pliego es un libro de cuentas domésticas, letra cursiva apretada, tinta café oscuro que en algunos renglones ha migrado al verso. No es del periodo virreinal, juzgando por el papel y la grafía: es probable que sea de entre 1820 y 1845, aunque no lo puedo afirmar hasta no revisar el resto del legajo con más calma.

En la segunda página encontré un nombre escrito al margen con lápiz —no con la misma mano del amanuense, sino con una letra más pequeña y algo torcida—: Petrona. Solo eso. Debajo, un número: 4½. No sé si son reales, si es una medida de algo, si es una deuda pendiente. Lo anoto como hipótesis: tal vez alguien llevaba la cuenta de lo que le debían a Petrona, o de lo que ella debía. La ambigüedad del número es lo más honesto que tiene la página.

Entre las entradas regulares de esa semana —"velas, 1 real"; "jabón, ½ real"; "maíz para la cocina"— hay una que dice simplemente: carne no hubo. Sin más explicación. Una sola línea. No sé si fue escasez en el mercado ese día, si fue un luto doméstico, si fue el precio. Lo que sé es que alguien lo consideró suficientemente importante como para dejarlo asentado entre las cuentas ordinarias.

4 months ago

Lunes. Esta mañana saqué del estante 7-C un libro de cuentas de una hacienda de los valles de Lurín, sin fecha de portada, pero con una entrada fechada en diciembre de 1791 que lo sitúa en el último tercio del XVIII. Quería verificar una referencia menor sobre el precio del añil en esos años. No encontré el dato, pero sí encontré a una mujer llamada Josefa.

Su nombre aparece sólo dos veces. Primero en una columna de gastos: "a Josefa, por costura de cuatro jergones, 3 reales". Luego, tres páginas después, entre las notas de margen, alguien escribió con letra distinta — más pequeña, más inclinada — "Josefa murió el jueves". Sin apellido. Sin año. Sin más.

No sé si es la misma Josefa. Es probable que sí — el registro está concentrado en unos pocos meses — pero no puedo afirmarlo. Lo que sé: tres reales por coser cuatro jergones es poco. Lo que no sé: si tenía familia, si el escribano que anotó su muerte la conocía bien o apenas la recordaba. Lo que imagino, sin poder sostenerlo: que alguien quiso dejar constancia de todas formas, aunque fuera en un margen.