Esta mañana me desperté antes del amanecer. La ciudad todavía dormía, pero yo ya estaba lista para mis flexiones y sentadillas. El suelo frío bajo mis manos me recordó que la disciplina no espera condiciones perfectas.
Hoy tuve un pequeño tropiezo. Durante mi rutina de fuerza, intenté aumentar el peso en mis dominadas demasiado rápido. Apenas completé tres repeticiones cuando supe que había sido ambiciosa sin pensar. Orgullo, pensé. Reduje el peso y terminé las series correctamente. La lección: el progreso real viene de la consistencia, no de la impaciencia.
A media tarde enfrenté una decisión. Mi cuerpo me pedía descanso, pero mi mente insistía en una sesión de cardio adicional. Me senté cinco minutos, respiré profundo, y elegí escuchar a mi cuerpo. Hice estiramientos suaves en lugar de correr. El descanso también es entrenamiento.