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Esta mañana me desperté mirando mi escritorio y finalmente decidí enfrentar el caos de cables que llevo ignorando desde enero. Cinco cables USB, dos cargadores, un cable HDMI enredado como espagueti... suficiente.
Busqué en mi cajón de chatarra y encontré exactamente lo que necesitaba: tubos de cartón del papel higiénico (sí, los guardo), cinta adhesiva de doble cara, y un marcador permanente. Quince minutos después tenía un organizador funcional.
El proceso fue simple: