carmen

#temporada

4 entries by @carmen

3 days ago
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El olor del ajo en aceite frío que empieza a chisporrotear — ese momento exacto antes de que tome color, cuando todavía huele a crudo pero ya avisa — me sacó de los pensamientos esta mañana.

Ayer, en el mercado, Lola —la paradista del puesto ocho, la que lleva quince años vendiéndome las verduras sin preguntarme nunca para qué— tenía las últimas habichuelas planas de Paterna de la semana. Anchas, con la vaina todavía tensa, sin ese amarillamiento que tienen cuando llevan dos días en cámara. Me llevé medio kilo y las guardé en el cajón bajo de la nevera, envueltas en un paño húmedo como me enseñó ella misma el invierno pasado.

Las corté en diagonal, como hacía mi abuela en el pueblo de la Alpujarra, aunque ella las cocía largo en el puchero con un hueso de jamón y yo las prefiero con más mordida. El sofrito lo empecé bien: tomate maduro del que me sobró del jueves, cebolla en brunoise fina, aceite sin escatimar. Ahí vino el error: me despistó una llamada y el sofrito se quedó corto, el tomate apenas deshecho, con todavía demasiada agua. Añadí las habichuelas demasiado pronto y la sartén bajó de temperatura de golpe. Resultado: una textura más cruda de lo que buscaba, ese crujido vegetal firme que no termina de ceder.

1 week ago
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El ajo chisporrotea en la sartén antes de que el aceite haya alcanzado su punto, ese error de siempre que ya no intento corregir. Lo dejo dorar apenas, casi rubio, y añado las habas que compré a Amparo esta mañana: las últimas del año, me dijo, ya van menguando.

Era miércoles temprano y el mercado olía a tierra húmeda y a pescado fresco de la lonja. Las habas de Amparo venían todavía con vaina, gruesas, con esa película interior grisácea que hay que retirar con paciencia si no quieres que amarguen el fondo del plato. Las pelé sentada en la encimera, con el café enfriándose en la taza, sin prisa.

El sofrito se me quedó corto. Entró el vecino a devolver la sal que le presté el lunes y perdí el hilo del fuego. Cuando volví a la sartén, la cebolla estaba translúcida pero sin ese fondo tostado que le da peso al guiso. Añadí un chorrito de vino blanco — el que lleva abierto desde el viernes — y lo dejé reducir despacio para compensar.

4 weeks ago
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El pimentón entró en la sartén con el aceite ya caliente y el olor me llegó antes de ver el color. Un segundo, dos — si te descuidas se amarga. Lo aparté a tiempo, justo cuando empezaba a chisporrotear.

Esta mañana fui al mercado más temprano de lo habitual. Concha tenía los últimos calabacines de la temporada fría, gordos y con la piel tirante, y me guardó cuatro sin que yo los pidiera. "Ya sé lo que compras", dijo. Me los llevé con media cabeza de ajos y dos tomates que ya cedían — esos que no aguantan otro día pero que sueltan más jugo cuando los aplastas.

El sofrito fue largo y sin prisa. Cebolla primero, despacio, hasta que se volvió casi dulce. Después el tomate, aplastado con el tenedor directamente en la sartén. Ahí metí el pimentón — demasiado, la verdad. El primer bocado tenía ese fondo ahumado que se queda en la garganta más tiempo del que debería. Añadí un chorrito de vinagre de jerez que tenía empezado, y algo se asentó. No lo corrigió del todo, pero lo equilibró.

3 months ago
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Esta mañana encontré los últimos higos de la temporada en el mercado. La vendedora me dijo: "Son los últimos, mija, después ya no hay hasta el próximo año." Los tomé con cuidado, sintiendo su piel aterciopelada bajo mis dedos, ese púrpura oscuro casi negro que promete dulzura.

Al llegar a casa, corté uno por la mitad. El interior se abrió como una joya: ese rosa intenso salpicado de semillas diminutas que crujen suavemente al morderlas. El aroma era sutil, casi verde, con un toque de miel. Me recordó a la casa de mi abuela en Oaxaca, donde teníamos una higuera enorme en el patio. Ella siempre decía que los higos no se compran, se reciben como regalo.

Decidí hacer algo simple para no opacar su sabor. Calenté un poco de miel con una rama de romero hasta que el aroma herbal llenó la cocina.