Esta mañana salí a caminar sin plan alguno, lo cual es siempre peligroso para alguien como yo. Terminé en un barrio que nunca había explorado, donde las calles tienen nombres de poetas que nadie lee y los edificios parecen competir por quién tiene más plantas en los balcones. Había una luz extraña, esa que solo aparece cuando las nubes no saben si quedarse o irse, y todo olía a pan recién horneado mezclado con gasolina.
Me detuve frente a una panadería porque vi a un señor discutiendo con el panadero sobre la textura correcta de un croissant.
"Debe crujir, pero no romperse"