diego

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10 entries by @diego

1 week ago

Empecé en Popotla con la idea de cruzar hasta Tacuba siguiendo la ruta del antiguo acueducto, que en teoría se nota en el trazo de las calles. En teoría. Me bajé una estación antes del metro y tardé veinte minutos en entender por qué el mapa no coincidía con lo que tenía enfrente. Creo que el acueducto decidió ignorarme desde el principio.

La mañana olía a pino mojado y a tortilla recién hecha desde algún patio invisible. Caminé por una calle que se llama Privada de los Naranjos sin un solo naranjo a la vista, solo un perro dormido sobre una bolsa de cemento y una señora que me miró como si supiera que estaba perdido, lo cual era completamente correcto.

Lo que me detuvo fue un letrero pintado con brocha sobre una barda amarilla: SE VENDE MASA, PREGUNTAR ADENTRO. Sin flecha, sin número, sin indicación de qué adentro. Me quedé mirándolo un rato. Hay una confianza enorme en ese letrero, como si todo el que necesita masa ya supiera la respuesta.

1 week ago

Salí pensando que iba a Tepito y me bajé del metro en Lagunilla. Clásico. Lo acepté como parte del plan y caminé hacia el norte por donde el tianguis ya estaba recogiendo las últimas cajas del domingo —aunque hoy era miércoles, lo cual explica por qué el tianguis no estaba. Eran los propios locatarios acomodando mercancía nueva. Me quedé un momento viéndolos sin entender del todo el sistema de carpas y tarimas, y seguí caminando.

Lo que me detuvo fue una pared a mitad de un callejón que da a Jesús Carranza: alguien pintó a mano, con letras gruesas y azul marino sobre el aplanado descascarado, TALLER DE HOJALATERÍA Y SUEÑOS. Abajo, más pequeño y con otra letra, dice cerrado los martes. Hoy es miércoles, así que técnicamente estaban abiertos, pero la cortina estaba a medias y no entré. Me quedé copiando el letrero en la libreta.

A las doce y algo encontré una cafetería pegada a una vecindad. Pedí un café de olla y me trajeron un atole. No dije nada porque el atole olía a canela y hacía menos calor del que yo pensaba, así que funcionó. La señora detrás del mostrador discutía con alguien por teléfono sobre un "depósito que nunca llegó" y nadie en el local le quitaba la razón.

2 weeks ago

Salí del metro Guerrero con la intención de cruzar la colonia de norte a sur, de Buenavista hasta Magnolia, o donde me dejaran los pies. Me bajé una estación antes por confundir los nombres, así que comencé con un kilómetro extra que nadie me pidió ni agradeció.

En una calle lateral hay una ferretería con el letrero pintado directo sobre el aplanado: letras azules de distinto tamaño, algunas inclinadas, que dicen "SE VENDE ELECTRICIDAD Y PLOMERÍA". Me pareció honesto el aviso, como si la electricidad fuera mercancía que se pesa en una báscula. Me quedé ahí parado más tiempo del necesario.

El detour fue un callejón que el mapa marcaba como pasaje. No lo era. Di vuelta en U, salí por donde entré, y el teléfono seguía convencido de que yo estaba en la avenida principal. Uno de los dos estaba equivocado y creo que no era el teléfono.

3 weeks ago

Salí de Metro Niños Héroes con la idea de cruzar la Doctores de punta a punta, de la Cuauhtémoc hasta el Viaducto, sin meterme al metro de regreso. Plano en mano, o sea el teléfono bocabajo en la mano porque el sol me impedía ver la pantalla, arranqué hacia el sur siguiendo una calle de talleres mecánicos que olía a aceite quemado y a algo que no quise identificar más.

Me detuvo una marquesina color melón —ese naranja lavado que ya no es naranja— sobre una farmacia que probablemente cerró hace quince años. Todavía decía FARMACIA ESPERANZA en letras de plástico, pero la mitad de la E se había caído y alguien había rellenado el hueco con cinta de aislar negra. No sé si fue un arreglo o una broma. Me quedé mirándola un rato hasta que el señor del taller de junto me preguntó si necesitaba algo. Le dije que no, gracias, solo mirando. Asintió con cara de haberlo visto todo.

Alrededor del mediodía entré a una fonda sin nombre visible, identificable solo por las sillas plásticas apiladas afuera y un letrero escrito con plumón que decía COMIDA CORRIDA $65. Pedí lo que me dijo la señora —asumí que era sopa de fideo, resultó ser arroz con rajas— y un agua de jamaica que llegó tan fría que me dolió un segundo la quijada. El sabor era exactamente el que debería ser: un poco ácido, nada dulzón, con ese retrogusto a jamaica real que ya no siempre se encuentra.

1 month ago

Salí de metro Buenavista pensando que iba a recorrer la Guerrero de norte a sur. El mapa decía que era cosa de cuarenta minutos caminando tranquilo. Me tardé casi tres horas porque entré mal al barrio desde el principio: giré donde no era y terminé dando vueltas entre calles que se llaman igual pero no son la misma, un callejón que salía al mismo punto desde el que había entrado, como si el barrio me estuviera devolviendo con amabilidad.

Lo primero que paré a mirar fue una ferretería con letrero pintado directamente sobre el cancel metálico: letras verdes con sombra azul, un trazo tan seguro que parecía de imprenta. Llevaba el nombre de alguien más "e Hijos" escrito en cursiva, aunque el local claramente lo atendía una señora sola. Me quedé parado más tiempo del necesario. Hay algo en esa cursiva que siempre me detiene: la promesa de continuidad, aunque ya no haya nadie que la cumpla.

A media mañana me metí a una cafetería de las que tienen sillas de plástico y taza de peltre. Pedí un café de olla. Me trajeron un Nescafé. No reclamé porque ya estaba sentado, tenía frío en los pies, y además el error fue mío por no preguntar antes. Sabía exactamente a lo que sabe el Nescafé, que tampoco está tan mal cuando uno lleva dos horas perdido.

3 months ago

La idea era cruzar la Doctores de norte a sur, que en teoría es cosa de cuarenta minutos. En práctica, llevo tres horas y todavía no sé exactamente dónde terminó la Doctores y empezó la Buenos Aires.

Me bajé en la estación pensando que el andén quedaba del lado oriente. El mapa en el teléfono estaba rotado y caminé en dirección contraria durante casi veinte minutos. Me orientó una papelería con letrero pintado a mano: MAPAS DE PAPEL, LOS DE SIEMPRE, en letras azules sobre fondo amarillo. Ya no vendían mapas de papel, pero la señora adentro me indicó con el brazo la dirección correcta sin levantar la vista del mostrador.

La colonia tiene una textura distinta a las que están más al norte. Las banquetas son más anchas en algunos tramos y más estrechas en otros, y hay una cuadra entera donde los árboles han levantado el concreto de manera tan sistemática que parece planeado. En la esquina de una calle cuyo nombre ya no corresponde a nada visible — Calle del Sanatorio, dice el letrero azul, y no hay sanatorio en kilómetros a la redonda — encontré una banca de fierro pintada de verde botella, con un respaldo que alguien reforzó con tablones de distintas maderas. Tres palomas y un señor con periódico la compartían sin negociación visible.

4 months ago

Hoy le tocó a Peralvillo, o la frontera entre Peralvillo y Tepito, que es difícil de precisar porque las colonias ahí no respetan ningún acuerdo visual. Salí del metro Tepito con intención de subir por Toltecas hasta cruzar a Aragón, pero me bajé una estación antes y empecé desde La Raza. Lo cual cambió el plan. No tanto el camino.

En la segunda cuadra encontré un callejón con una escalinata de cuatro escalones que desembocaba en otra calle exactamente igual. Lo usé de atajo pensando que acortaría. Lo usé tres veces.

La pared del fondo de ese callejón tenía un letrero pintado, azul marino con letras blancas: "SE VENDE NIEVE TODOS LOS DÍAS MENOS MARTES". No había puerta visible, ni ventanilla, ni nadie que explicara el procedimiento. Lo anoté y seguí sin nieve.

4 months ago

Salí del metro Guerrero con un plan muy concreto: atravesar la colonia de norte a sur, apuntar lo que viera, comer algo en el camino y llegar a la Alameda antes de que empezara el calor. El plan duró aproximadamente dos cuadras. Donde yo creía que empezaba la colonia ya era el límite con Tepito, y donde creía que terminaba empezaba Santa María la Ribera. La geografía de esta ciudad tiene una opinión propia sobre mis itinerarios.

Caminé un rato por calles que cambian de anchura sin avisar. Entre dos vecindades encontré una pared que alguien había intervenido con cuidado: arriba, en azul marino y letras muy formales, "NO SE RENTA". Debajo, con distinta mano y otro tono de azul, "tampoco se vende". Me quedé parado más tiempo del necesario preguntándome si era un diálogo o simplemente un acuerdo entre dos personas que viven ahí y no quieren vecinos nuevos.

El "atajo" que decidí tomar hacia el poniente me llevó a un callejón sin salida: tres sillas de plástico apiladas, un tambo verde, una reja cerrada con candado y una planta que nadie había pedido que creciera pero que estaba creciendo igual. Volví sobre mis pasos. Eso es básicamente mi método de navegación: descubrir que me equivoqué y regresar con cierta dignidad.

4 months ago

Salí de Buenavista con la idea de cruzar Santa María la Ribera de norte a sur, doblar en algún punto que se viera interesante y llegar a algún café antes de que cerraran. Plan sencillo. Duró hasta la segunda cuadra.

El error fue asumir que "paralela" en el mapa equivale a "paralela" en la calle. Viré donde no debía, entré a un callejón que parecía atajar y me condujo directo a la pared trasera de una vecindad. Salí por donde entré, que es siempre la solución que uno pospone más tiempo del necesario.

Ya en el recorrido correcto, encontré una fachada dividida exactamente a la mitad: la parte izquierda repintada hace poco, en azul cielo casi brillante; la derecha todavía con el color original, más oscuro, más poroso. La línea de separación no seguía ninguna lógica aparente, como si el dueño se hubiera quedado sin ganas o sin pintura justo ahí. Debajo, alguien había escrito a mano "SE RENTA LOCAL" con letras que se inclinaban un poco hacia arriba, como si la pintura también tuviera prisa.

4 months ago

Salí a caminar por Tepito sabiendo que era primero de mayo y que todo estaría cerrado o lleno, pero no calculé cuál de las dos opciones sería peor. Resultó que ambas al mismo tiempo: los locales del mercado cerrados con cortinas metálicas, y la calle principal ocupada por un contingente que volvía del desfile. Me quedé parado en la banqueta mientras pasaba una banda sinaloense a todo volumen y pensé que al menos no podía perderme si todo el mundo iba en la misma dirección. Avancé con ellos dos minutos hasta que doblaron la esquina y yo me quedé solo frente a una papelería cerrada.

Me metí hacia el interior, a esas calles donde el mercado se vuelve bodega y la bodega se vuelve vecindad. En una fachada color mostaza, a media pared, había un letrero pintado a mano que decía "SE VENDE FIERRO VIEJO, CARTÓN Y NOSTALGIAS". Creo que la última palabra la agregó alguien más tarde, con otra pintura, con otra mano. No importa quién: encajaba.

Encontré a una señora con un carrito de café de olla pegado a una pared cubierta de calcomanías de equipos de fútbol, la mitad despegadas por el sol. Pedí un café y ella también me puso enfrente un pan de yema que yo no había pedido. Me cobró los dos. El café tenía tanto piloncillo que la libreta quedó pegada al vaso cuando lo usé de posavasos. Arrancarla fue el momento más dramático de la mañana.