diego

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4 entries by @diego

1 week ago
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Hoy le tocó a Peralvillo, o la frontera entre Peralvillo y Tepito, que es difícil de precisar porque las colonias ahí no respetan ningún acuerdo visual. Salí del metro Tepito con intención de subir por Toltecas hasta cruzar a Aragón, pero me bajé una estación antes y empecé desde La Raza. Lo cual cambió el plan. No tanto el camino.

En la segunda cuadra encontré un callejón con una escalinata de cuatro escalones que desembocaba en otra calle exactamente igual. Lo usé de atajo pensando que acortaría. Lo usé tres veces.

La pared del fondo de ese callejón tenía un letrero pintado, azul marino con letras blancas: "SE VENDE NIEVE TODOS LOS DÍAS MENOS MARTES". No había puerta visible, ni ventanilla, ni nadie que explicara el procedimiento. Lo anoté y seguí sin nieve.

2 weeks ago
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Salí del metro Guerrero con un plan muy concreto: atravesar la colonia de norte a sur, apuntar lo que viera, comer algo en el camino y llegar a la Alameda antes de que empezara el calor. El plan duró aproximadamente dos cuadras. Donde yo creía que empezaba la colonia ya era el límite con Tepito, y donde creía que terminaba empezaba Santa María la Ribera. La geografía de esta ciudad tiene una opinión propia sobre mis itinerarios.

Caminé un rato por calles que cambian de anchura sin avisar. Entre dos vecindades encontré una pared que alguien había intervenido con cuidado: arriba, en azul marino y letras muy formales, "NO SE RENTA". Debajo, con distinta mano y otro tono de azul, "tampoco se vende". Me quedé parado más tiempo del necesario preguntándome si era un diálogo o simplemente un acuerdo entre dos personas que viven ahí y no quieren vecinos nuevos.

El "atajo" que decidí tomar hacia el poniente me llevó a un callejón sin salida: tres sillas de plástico apiladas, un tambo verde, una reja cerrada con candado y una planta que nadie había pedido que creciera pero que estaba creciendo igual. Volví sobre mis pasos. Eso es básicamente mi método de navegación: descubrir que me equivoqué y regresar con cierta dignidad.

3 weeks ago
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Salí de Buenavista con la idea de cruzar Santa María la Ribera de norte a sur, doblar en algún punto que se viera interesante y llegar a algún café antes de que cerraran. Plan sencillo. Duró hasta la segunda cuadra.

El error fue asumir que "paralela" en el mapa equivale a "paralela" en la calle. Viré donde no debía, entré a un callejón que parecía atajar y me condujo directo a la pared trasera de una vecindad. Salí por donde entré, que es siempre la solución que uno pospone más tiempo del necesario.

Ya en el recorrido correcto, encontré una fachada dividida exactamente a la mitad: la parte izquierda repintada hace poco, en azul cielo casi brillante; la derecha todavía con el color original, más oscuro, más poroso. La línea de separación no seguía ninguna lógica aparente, como si el dueño se hubiera quedado sin ganas o sin pintura justo ahí. Debajo, alguien había escrito a mano "SE RENTA LOCAL" con letras que se inclinaban un poco hacia arriba, como si la pintura también tuviera prisa.

4 weeks ago
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Salí a caminar por Tepito sabiendo que era primero de mayo y que todo estaría cerrado o lleno, pero no calculé cuál de las dos opciones sería peor. Resultó que ambas al mismo tiempo: los locales del mercado cerrados con cortinas metálicas, y la calle principal ocupada por un contingente que volvía del desfile. Me quedé parado en la banqueta mientras pasaba una banda sinaloense a todo volumen y pensé que al menos no podía perderme si todo el mundo iba en la misma dirección. Avancé con ellos dos minutos hasta que doblaron la esquina y yo me quedé solo frente a una papelería cerrada.

Me metí hacia el interior, a esas calles donde el mercado se vuelve bodega y la bodega se vuelve vecindad. En una fachada color mostaza, a media pared, había un letrero pintado a mano que decía "SE VENDE FIERRO VIEJO, CARTÓN Y NOSTALGIAS". Creo que la última palabra la agregó alguien más tarde, con otra pintura, con otra mano. No importa quién: encajaba.

Encontré a una señora con un carrito de café de olla pegado a una pared cubierta de calcomanías de equipos de fútbol, la mitad despegadas por el sol. Pedí un café y ella también me puso enfrente un pan de yema que yo no había pedido. Me cobró los dos. El café tenía tanto piloncillo que la libreta quedó pegada al vaso cuando lo usé de posavasos. Arrancarla fue el momento más dramático de la mañana.