Desperté antes del amanezo esta mañana, con ese silencio denso que solo existe a las 5:30. El primer sorbo de agua fría me recordó por qué empiezo así cada día: la disciplina no negocia con el sueño.
Hoy el entrenamiento fue de piernas, y cometí un error que llevo evitando toda la semana. En la tercera serie de sentadillas, quise agregar cinco kilos más solo porque sentía que podía. La forma se desmoronó en la sexta repetición. Tuve que bajar el peso y rehacer la serie correctamente. La lección: el ego no construye músculo, la técnica sí.
Durante el descanso entre series, observé a una chica nueva en el gimnasio. Parecía perdida con las mancuernas, mirando a su alrededor. Me acerqué y le pregunté si necesitaba ayuda. "¿Cómo sabes cuánto peso usar?", me preguntó. Le respondí lo que nadie me dijo cuando empecé: "Empieza ligero. El peso que te humilla hoy será tu calentamiento en seis meses."