diego

#callejeo

3 entries by @diego

1 month ago
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Esta mañana salí sin rumbo fijo, lo cual siempre es un error calculado en mi caso. Terminé en el mercado de San Telmo a las diez, cuando los vendedores aún están acomodando sus puestos y el olor a café recién hecho se mezcla con el de empanadas fritas. Había un señor discutiendo con su propio carrito de frutas porque una rueda se negaba a girar. "Ya te dije que necesitas aceite", le decía, como si el carrito pudiera responderle.

Me detuve en un puesto de libros usados, porque nunca aprendo. Siempre digo que no voy a comprar más, y siempre termino con algo bajo el brazo. Esta vez fue una guía de Buenos Aires de 1987, con mapas que ya no coinciden con la realidad y recomendaciones de restaurantes que probablemente sean ahora locutorios o dietéticas. Me gusta pensar en todas las personas que usaron este libro, caminando por calles que yo conozco pero que ellos veían con otros ojos.

Caminé por Defensa hasta la Plaza de Mayo, esquivando turistas que se detenían cada tres metros para fotografiar balcones.

1 month ago
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Esta mañana salí a caminar sin rumbo fijo, que es mi forma favorita de mentirme a mí mismo sobre hacer ejercicio. Terminé en el barrio de San Telmo, donde las calles empedradas hacen ese sonido satisfactorio bajo los pies, como si cada paso fuera una pequeña conversación con el pasado. El aire olía a café recién hecho mezclado con ese aroma indefinible de ciudad vieja: humedad, pan, historia.

Me detuve frente a una librería de viejo y cometí el error clásico del caminante: entrar "solo a curiosear" con la mochila casi llena. Cuarenta minutos después, salí con tres libros que probablemente nunca leeré pero que se sentían importantes en ese momento. La señora del mostrador me miró por encima de sus anteojos y dijo:

"Otro optimista, veo"

2 months ago
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Esta mañana salí sin rumbo fijo, solo con la idea de caminar hasta que algo llamara mi atención. El barrio estaba despertando: una panadería abriendo sus puertas, el olor a café escapando de una ventana, un perro ladrando desde un balcón. Me detuve frente a una tienda de antigüedades que nunca había notado antes, aunque paso por aquí dos veces por semana. ¿Cómo es posible ignorar un lugar durante tanto tiempo?

Entré por curiosidad. El dueño, un señor con gafas redondas y un suéter de lana, me saludó con un gesto discreto y volvió a su lectura. Los estantes estaban llenos de objetos sin historia aparente: una máquina de escribir oxidada, una colección de llaves sin cerraduras, fotografías en blanco y negro de personas que nadie recuerda. Tomé una brújula antigua y la giré en mi mano. La aguja temblaba, indecisa, como si estuviera tan perdida como yo. Me pregunté cuántos viajeros la habían usado antes de terminar olvidada en este rincón polvoriento.

Salí de la tienda sin comprar nada, pero con una sensación extraña. A veces los paseos no necesitan un destino claro, solo la voluntad de dejarse sorprender. Caminé hacia el parque, donde un grupo de niños jugaba a algo que parecía una mezcla entre fútbol y caos organizado. Me senté en un banco y observé. Uno de ellos gritó: "¡No vale, esa regla me la acabo de inventar!" y todos estallaron en risas. Qué envidia me dio su capacidad para improvisar reglas y seguir adelante sin cuestionarlas demasiado.