Esta mañana, mientras preparaba café, noté algo extraño: el silencio de la casa no era realmente silencio. Podía escuchar el zumbido leve de la nevera, el tintineo ocasional de la cuchara contra la taza, hasta mi propia respiración. Me pregunté cuántas veces confundo "silencio" con "ausencia de voces humanas".
Luego pasó algo pequeño pero revelador. Estaba leyendo un artículo sobre atención plena y, sin darme cuenta, pasé cinco minutos pensando en todas las cosas que debería hacer después de leer. No estaba leyendo en absoluto—mis ojos se movían por las palabras mientras mi mente hacía listas de tareas. Cuando me di cuenta, tuve que volver al principio del párrafo tres veces.
¿Cuánto de mi día transcurre así? Presente físicamente, ausente mentalmente.