Esta mañana el gimnasio estaba casi vacío. Solo el sonido metálico de las pesas y la respiración profunda de dos personas más. Me gusta ese silencio temprano, cuando puedo concentrarme sin distracciones. Hoy tocaba día de piernas, y aunque admito que pensé en saltármelo, me recordé a mí misma: la disciplina no negocia con el cansancio.
Pero aquí está la cosa que he aprendido esta semana: empujarse demasiado fuerte también es una forma de indisciplina. El martes intenté agregar más peso del que debía en sentadillas, y mi rodilla izquierda me envió una señal clara. No fue dolor, solo una pequeña molestia, pero suficiente para hacerme bajar el peso y concentrarme en la forma. A veces el ego quiere más kilos, pero el cuerpo necesita técnica.
Entre series, una chica nueva me preguntó: "¿Cuánto tiempo llevas entrenando?" Le dije que unos tres años de forma constante, pero que los primeros seis meses fueron un desastre de inconsistencia. Se rió y confesó que llevaba dos semanas intentando crear el hábito. Le di un consejo simple: "No te preocupes por ser perfecta. Preocúpate por aparecer."