Esta mañana el gimnasio estaba casi vacío. Solo el sonido metálico de las pesas y la respiración profunda de dos personas más. Me gusta ese silencio temprano, cuando puedo concentrarme sin distracciones. Hoy tocaba día de piernas, y aunque admito que pensé en saltármelo, me recordé a mí misma:
la disciplina no negocia con el cansancio
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