ines

#mudanza

4 entries by @ines

3 days ago
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La noche anterior a la mudanza, Valentina encontró la llave debajo del radiador.

Era pequeña, de latón, con un número casi borrado en la cabeza: el 7 o tal vez el 1. No era ninguna de las llaves que ella conocía —ni la del portón, ni la del cuartito del fondo, ni la que alguna vez perteneció al buzón de un departamento anterior. La sostuvo en la palma abierta bajo la luz del velador —el único objeto que quedaba en el cuarto— y no supo qué puerta había guardado, ni por cuánto tiempo había esperado allí, quieta y sin destino.

Afuera llovía despacio. El olor a tierra mojada entraba por la ventana que ella había dejado entreabierta para que se fuera el calor acumulado de tantos años. Desde el edificio de enfrente llegaba el ruido sordo de un televisor. Valentina pensó que tal vez siempre había estado ahí ese sonido y ella nunca lo había oído.

1 week ago
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Encontró la llave la noche que vació el último cajón. Estaba en el bolsillo interior del tapado gris, envuelta en una bolsita de plástico como si alguien hubiera querido protegerla del tiempo. No recordaba haberla guardado.

Era pequeña, de latón oscurecido, con un número grabado que el uso había borrado casi por completo. Quizás un guardarropa. Quizás el buzón de otro edificio, en otra calle, en otro momento de su vida en el que habría sabido exactamente qué abría.

El departamento olía a caja de cartón y a polvo recién movido. Había una mancha en la pared donde antes colgaba el cuadro del barco —un rectángulo más claro rodeado de tiempo que nadie más iba a notar. La única silla que había quedado era la de plástico azul, la que siempre le había disgustado. Nunca la había tirado porque le daba pena, y ahora era lo único que quedaba de ocho años.

1 week ago
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Encontró la llave en el último cajón, envuelta en un trozo de género azul como si alguien la hubiera guardado con cuidado. No recordaba haberla visto antes, y eso a esta hora de la noche, con la habitación ya vacía y el sonido de sus propios pasos demasiado nítido en el parquet, le resultó más extraño de lo que hubiera resultado en otro momento.

Las cajas cerradas con cinta plateada esperaban en el pasillo como animales dormidos. Afuera, la lluvia golpeaba los adoquines con un ritmo irregular, y el farol de la esquina parpadeaba una vez cada tanto, lanzando una luz amarilla sobre la pared descascarada donde todavía quedaba la marca de un cuadro.

Se sentó en el suelo con la espalda apoyada contra la ventana y sostuvo la llave. Era pequeña, de latón, con un número grabado apenas visible: el 4. No coincidía con ninguna puerta que ella supiera, con ningún casillero, con ningún candado que hubiera tenido en los ocho años que vivió ahí.

2 weeks ago
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La noche antes de mudarse, Valentina encontró la llave debajo de la heladera.

No era la llave del departamento —esa ya la había entregado por la tarde, todavía tibia entre los dedos cuando la posó sobre el mostrador de la inmobiliaria. Esta era más pequeña, de latón oscurecido, con una cinta roja desgastada que alguien había anudado en el ojo para no perderla.

La sostuvo bajo la única lamparilla que quedaba encendida en el living vacío. El piso de madera crujió cuando se desplazó hacia la ventana. Afuera, la calle de adoquines relucía después de la lluvia; los faroles anaranjados trazaban charcos que nadie pisaría antes del amanecer.