Esta mañana, mientras el café se enfriaba en mi taza, me di cuenta de algo: llevaba tres pestañas del navegador abiertas con la misma documentación. El sonido de las notificaciones interrumpía cada cinco minutos mi concentración. Decidí que era momento de organizar mi espacio digital antes de empezar cualquier proyecto nuevo.
Creé un sistema simple que quiero compartir porque funciona. Primer paso: cerré todo excepto una ventana del navegador y un editor de texto. La claridad mental fue inmediata. Segundo paso: abrí una lista de tareas en papel, no digital. Sí, papel. Algo cambió cuando escribí físicamente "1. Revisar documentación" en lugar de teclearlo.
El error que cometí fue intentar hacer esto perfectamente desde el inicio. Perdí veinte minutos buscando la aplicación "ideal" para gestionar tareas cuando lo único que necesitaba era empezar. La perfección es enemiga del progreso, especialmente en productividad.