Esta mañana me desperté con el sol entrando por la ventana de la cocina, ese tipo de luz dorada que solo aparece los domingos. Decidí hacer tortilla española, algo que no había preparado en meses.
Mientras pelaba las papas, el aroma de la cebolla recién cortada me transportó directamente a la cocina de mi abuela en Sevilla. Ella siempre decía: "La paciencia es el secreto, mija. Las papas deben nadar en aceite, no ahogarse." Recordé cómo me dejaba remover la sartén, mis manos todavía pequeñas sosteniendo el mango de madera gastado.
Cometí el error clásico: subí el fuego demasiado rápido. Las papas empezaron a dorarse por fuera antes de ablandarse por dentro. Tuve que bajar la llama y esperar, algo que mi lado impaciente siempre olvida. La cocina te enseña a respirar.