Esta mañana me quedé parada delante del hervidor de agua durante más tiempo del necesario. No era distracción: era que no quería moverme. Los hombros, bajos. El estómago, sin tensión pero tampoco despierto. Pensé: hay reunión a las diez. El estado de ánimo que lo acompañaba era algo plano, no exactamente cansancio.
Dormí seis horas. No es el número que me funciona; lo sé desde hace tiempo. Pero anoche decidí quedarme leyendo hasta tarde porque "ya casi termino el capítulo" y luego fueron dos. La sensación corporal de esta mañana es, muy probablemente, la factura directa de esa decisión. No me parece útil juzgarla. Sí me parece útil anotarla.
Llevo diez días con el experimento del horario de cena. Parámetros: